Que comprende los misterios de su vida santísima
Señor, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el ósculo de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio como inocente Cordero, presentado ante Anás, Caifás, Pilatos y Herodes, escupido y acusado con falsos testigos, abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado con espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro por burla, desnudado afrentosamente, elevado en la cruz y levantado en ella puesto entre ladrones como uno de ellos, abrevado con hiel y vinagre, y herido el costado con la lanza: libradme, Señor, por tantas penas, como habéis padecido por mi, y salvadme por los méritos de vuestra muerte y de vuestra cruz de las penas del infierno, para entrar en la posesión de aquel reino adonde llevasteis al ladrón que fue crucificado con Vos, que vivís y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Se rezará el Credo.