Dios te salve, benignísima Madre de misericordia, Dios te salve reparadora de la gracia y el perdón. ¿Quién no te amará? ¿Quién no te honrará? ¿Quién no se encomendará en Tí? Tú eres en las cosas dudosas nuestra luz: en las tristezas consuelo, en las angustias alivio, y en los peligros y tentaciones fiel socorro. Tú eres, después de tu unigénito Hijo, cierta salud y esperanza nuestra. Bienaventurados los que te aman, y los que por santidad se hacen tus familiares, siervos y devotos. A tu piedad encomiendo, Señora, mi alma y mi cuerpo: regime, enséñame y defiéndeme en todas las horas y momentos, ¡oh dulce amparo y vida mia!
Amén.