Oraciones

Oraciones para la Comunión

Antes de la Comunión

Acto de Fé

Dios del cielo y de la tierra, Salvador de los hombres, ¡ah! Vos venís a mí y yo voy a tener la dicha de poseeros. ¿Quién pudiera creer semejante prodigio si no lo hubierais revelado Vos mismo? Sí, Señor, Dios mio, yo creo, yo creo firmemente que sois Vos mismo a quien voy a recibir en este sacramento; Vos mismo que habiendo tenido por cuna un miserable pesebre, habéis querido morir por mi en la cruz, y que estáis ahí, aunque oculto bajo las especies sacramentales, tan lleno de gloria y majestad como en el cielo.

Lo creo, sí, Dios mio, y tan seguro estoy de ello como si mis propios ojos lo contemplara. Lo creo porque Vos mismo lo habéis dicho, y yo adoro y acato vuestra santa palabra. Lo creo, y a pesar de lo que mis sentidos y razón extraviada puedan decirme en contrario, renuncio, a mis sentidos y razón, postrándome vencido y humillado bajo la ciega obediencia de la fé.

Lo creo, y si preciso fuera ¡oh Dios mio! sufrir mil muertes por la confesión de esta verdad, contento las sufriera antes que desmentir en este punto mi creencia y mi religión.

Verdaderamente soy en el Sacramento un Dios oculto; pero salvador.

Creo, Señor; fortaleced mi fé.

Acto de Humildad

Quien soy yo, ¡oh Dios de gloria y majestad, para que os dignéis fijar en mi vuestra divina mirada! ¿A que debo la gran felicidad de que mi Señor y mi Dios venga a habitar en mi corazón miserable? Yo pecador, yo gusano de la tierra, mas despreciable que la misma nada, acercarme a un Dios tan santo ¡Comer el Pan de los Ángeles! ¡Alimentarme con carne tan divina! ¡Ah Señor, no, no lo merezco, jamás seré digno de semejante honor!

Rey del Cielo, Autor y Conservador del mundo, Monarca universal, anonádome en vuestra presencia y quisiera poder humillarme por vuestra gloria tanto como Vos humilláis por mi amor. Humildemente reconozco vuestra soberana grandeza y mi bajeza miserable. La vista de una y otra me causa tal confusión, que no puedo expresar, ¡oh Dios mio! Únicamente diré, con humilde sinceridad, que soy indigno de la gracia inmensa que os dignáis concederme en este día.

¿A qué deberé yo tan grande felicidad?

Señor, yo no soy digno de que entréis en mi pobre morada.

Acto de Contrición

Vos venís a mi, ¡oh Dios de bondad y misericordia! ¡Ay! mis pecados deberían mas bien alejaros: mas, los detesto en vuestra presencia, ¡oh Dios mio! Sensible al enojo que os causaron, conmovido a la vista de vuestra infinita bondad, resuelto sinceramente a no cometerlos mas, los detesto con todo corazón y os pido perdón humildemente. Perdonádmelos. Padre mio, puesto que amáis todavía hasta el punto de permitir que me acerque hoy a Vos; perdonádmelos. Ya estoy lavado, como espero, por el sacramento de la Penitencia; pero lavadme, Señor, todavía mas; purificadme de las menores manchas; criad en mi ¡oh Dios! un corazón puro y renovad en mis entrañas un espíritu recto que me ponga en estado de recibiros dignamente. Lavadme, Seños, cada vez mas de las manchas de mis pecados.

Cread en mí un corazón puro ¡oh Dios mio! y renovad en mí el espíritu de rectitud.

Acto de Esperanza

Venid a mi ¡oh divino Salvador de las almas! ¿Qué no podré esperar yo de vos? ¿Qué no debo esperar de Aquel que se da enteramente a mí?

Preséntome pues a Vos ¡oh Dios mio! con la suprema confianza que me inspiran vuestro poder infinito y vuestra infinita bondad. Concedéis, Señor, todas mis necesidades, podéis consolarme y lo queréis; me invitáis a ir a Vos, y prometéis socorrerme. ¡Pues bien Señor, heme aquí! vengo confiado en vuestras mismas promesas. A Vos acudo y me presento con todas mis debilidades, mi ceguedad y mi miseria; espero que Vos me fortaleceréis, me iluminareis, me consolareis y troncareis por completo.

Lo espero, Señor, sin temor de que salga frustrada mi esperanza; porque y ¿no sois acaso ¡oh Dios mio! el dueño de mi corazón? ¿Y cuándo estará mi corazón mas completamente entregado a vuestra disposición que cuando os halléis dentro del mismo?

¡Ah Dios mio! en Vos pongo mi única esperanza.

Señor, aquel a quien amáis esta enfermo.

Acto de Deseo

Será posible ¡oh Dios lleno de bondad, que vengáis hasta mí, y que vengáis con un deseo infinito de unirme con Vos! ¡Oh! Venid amado de mi corazón: venid, cordero de Dios, carne adorable, sangre preciosísima de mi salvador, vinid a servir de alimento a mi alma. Véaos yo Dios de mi corazón, mi alegría, mi delicia, mi amor, mi Dios, mi todo.

¿Quién me diese alas para volar hacia Vos? Mi alma, lejos de Vos, impaciente por verse llena de Vos, languidece, Señor, desea ardientemente vuestra presencia y suspira por Vos ¡oh Dios mio! mi único bien, tesoro, mi felicidad y mi vida, mi Dios, y mi todo

Venid pues, amable Jesús, y por muy indigno que sea de recibiros, decid una sola palabra, y me veré purificado. Mi corazón se halla dispuesto; y si no lo estuviera, con una sola de vuestras miradas lo podéis preparar, enternecerlo e inflamarlo. ¡Venid Jesús, y Salvador mio, venid!

Después de la Comunión

En este solemne momento en el que la plenitud de la gracia y la Divinidad , habita corporalmente en tí, medita profundamente, en compañía de la Santísima Virgen, las maravillas que en tu alma se verifican: contempla tu cuerpo convertido en tabernáculo vivo donde habita el Santo de los Santos: embargado con este sentimiento, que debe dominar a todos los demás, permaneces algunos instantes en tan sublime recogimiento.

Acto de Adoración

Adorable Majestad de mi Dios y Señor, ante quien los mas grande y sublime de cielos y tierra se considera indigno de comparecer; ¡que otra cosa podré hacer yo en presencia vuestra, sin enmudecer y honraros con el mas profundo anonadamiento de mi alma!

Yo os adoro ¡oh Dios mio! tributo, Señor, mis homenajes a esa suprema grandeza, ante la cual toda rodilla se dobla y en comparación de la cual todo poder no es mas que debilidad, toda prosperidad, miseria, y las mas brillantes luces, espesas tinieblas.

A Vos solo, gran Dios, Rey de los Siglos, Dios inmortal, a Vos solo pertenece todo honor y toda gloria ¡Gloria, honor, salud y bendición al que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Hijo del Altísimo que se digna a unirse en este día íntimamente conmigo, y tomar posesión de mi corazón!

Bendito sea el que viene en el nombre del Señor.

¡Vos solo sois el Señor, Vos solo sois el Altísimo! ¡Oh Jesús!

Acto de Amor

Yo tengo en fin la dicha de poseeros ¡oh Dios mio! Que no pueda corresponder a tanta bondad. Cuanto daría por amaros, para amaros tanto como merecéis ser amado, y para no amar a nadie mas que a Vos Abrasadme, Dios mio, inflamad, consumid mi corazón en vuestro amor. Mi amado esta en mi, Jesús, el amabilísimo Jesús se da a mí... Ángeles del Cielo, Madre de mi Dios, Santos del Cielo y de la tierra, presentadme vuestros corazones, dadme vuestro amor para amar a mi amable Jesús.

Si, yo os amo, ¡oh Dios de amor! yo os amo soberanamente; yo os amo por vuestro propio amor y con una firme resolución de no amar a nadie mas que a Vos. Lo juro, lo protesto: mas asegurad Vos mismo ¡oh Dios mio! estas santas resoluciones en mi corazón, que es vuestro en los actuales momentos.

Mi bien amado es mio, yo soy suyo.

¡Vos sabéis, Señor, cuanto os amo!

Acción de Gracias

¿Que acción de gracias, ¡oh Dios mio!, pudiera igualar el favor que me otorgáis en este día? No contento por amarme hasta morir por mi ¡Dios de bondad! os dignáis a venir en persona para honrarme con vuestra visita y entregaros completamente a mí. ¡Oh alma mia! glorifica a tu Señor y Dios. Reconoce su bondad, exalta su magnificencia, publica eternamente su misericordia. Con el corazón enternecido y lleno de agradecimientos doy gracias ¡oh Salvador dulcísimo! por la inmensa gracia que hoy os dignáis a hacerme. He sido infiel, cobarde, prevaricador, pero no quiero ser ingrato. Quiero recordar eternamente que en el día de hoy os habéis dado completamente a mi, y no olvidar en lo restante de mi vida la inmensas obligaciones que para con Vos contraje ¡oh Dios mio! entregándome enteramente a Vos.

¿Cómo pagaré al Señor los beneficios que de su liberalidad he recibido?

Gracias, Señor, por vuestra infinita misericordia.

Acto de Súplica

Ya estáis en mi ¡oh manantial inagotable de todos los bienes! y estáis lleno de ternura hacia mí, las manos llenas de gracias, y deseoso de depositarlas en mi corazón. Dios bueno, liberal y magnífico, depositadlas con profusión, ved la necesidad en que me hallo y considerad el poder de que disponéis. Obrad en mí lo que al venir os propusisteis: quitad, arrancad de mi corazón todo aquello que os desagrade, y poned en el todo aquello que os plazca. Purificad mi cuerpo, santificad mi alma, aplicadme los meritos de vuestra vida, pasión y muerte: uníos a mí, casto y divino Esposo de las almas; vivid en mí, para que yo viva en Vos, siempre en Vos, y solo para Vos.

Llevad a cabo en mi, divino Jesús, lo proyectos que os propusisteis al venir, concededme las gracias que sabéis me son mas necesarias. Conceded también esas gracias a todos aquellos por quienes tengo obligación de rogar. ¿Me negareis acaso algo de lo que yo os pido, Jesús mio, después de la inmensa gracia que me acabáis de otorgar? No, no me apartaré de Vos, sin recibir antes vuestra bendición.

Tratad a vuestro siervo Señor, según las entrañas de vuestra misericordia.

Acto de Ofrecimiento

Me colmáis Señor, de vuestros dones, y al daros a mi, queréis que yo viva solo para Vos. Este es también ¡oh Dios mio! el mayor de todos mis deseos, el ser únicamente vuestro. Si, quiero que de hoy en adelante mis pensamientos, obras y deseos nunca salgan del camino que con vuestros mandamientos me marcasteis, y sometido en un todo a vuestra divina voluntad.

Quiero y deseo que todo en cuanto en mi depende, salud, fuerzas, crédito, bienes, reputación, no se emplee mas que en el servicio y aumento de vuestra gloria. Sujetad, por tanto, ¡oh Rey de mi corazón!, todas las potencias de mi alma: reinad en absoluto sobre mi voluntad, que gustoso la vuestra someto. Después del gran favor con que me honráis en este día ¿podré yo permitir qué haya algo en mí que no sea perfectamente vuestro?

Vuestro esclavo soy, Señor, he hijo de vuestra esclava.

Señor, en vuestras manos encomiendo mi espíritu.

Acto de Propósito de Enmienda

¡Oh Jesús, el mas paciente y generoso de todos los amigos! ¿Quién podrá en adelante separarme de Vos? renuncio generosamente a todo aquello que de Vos me separó hasta el presente, y me propongo con auxilio de vuestra divina gracia no caer ya más en mis pesadas culpas.

Así pues ¡oh Dios mio! ya no quiero mas pensamientos, deseos, actos ni palabras que sean en lo mas mínimo contrarios al pudor o a la caridad; no quiero, no, tener ya mas impaciencias, decir mas juramentos, ni mentiras, calumnias, ni murmuraciones; acabaronse ya las omisiones en el cumplimiento de mi deber, y de la desidia que tuve en vuestro servicio; ya terminaron para mi las relaciones ilícitas y las amistades perniciosas; no quiero estar ya mas aferrado a mis opiniones ni comodidades; no temeré de hoy en adelante el desprecio y lo que de mi puedan decir los hombres: no me importa ya nada el llamar la atención, ni deseo merecer la estimación del mundo. Antes morir, Dios mio, antes deseo exhalar mi último suspiro, aquí en vuestra presencia, que volver a ofenderos.

Estáis dentro de mi corazón ¡oh divino Jesús! En vuestra propia presencia concibo pues estas resoluciones, con objeto de que Vos las confirméis y que vuestro adorable sacramento, que acabo de recibir, sea como el sello que me impida faltar a mis promesas.

Confirmad, por tanto, ¡oh Dios de bondad y misericordia! el deseo que experimento de no ser de nadie mas que de Vos, y de no vivir en adelante mas que para gloria vuestra.

Amén

Juré y estoy resuelto a no observar mas ley que la de vuestra justicia.

Perfeccionad en mi ¡oh Señor! lo que ya habéis obrado.